Quiénes somos

Nuestra historia y los orígenes en el Movimiento de Restauración.

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Las Iglesias de Cristo son comunidades cristianas que buscan seguir a Jesús de manera sencilla, basándose solo en la Biblia. Nuestro propósito es vivir la fe cristiana como lo hacían los primeros seguidores de Jesús, enfocándonos en el amor a Dios, el servicio a los demás y el crecimiento espiritual.

Desde el año 1977 estamos presentes en el sector IANSA – Nueva Esperanza – La Primavera, en la comuna de San Carlos (Región de Ñuble, Chile). Desde allí, predicamos el evangelio, estudiamos las Escrituras, bautizamos a los nuevos hijos de Dios y compartimos en comunión fraternal.

Hoy, la congregación es liderada por el pastor José Meza Parra y su esposa, quienes se sumaron a la congregación en 2013. Pero El Encuentro tiene una larga historia que, incluso, se extiende más allá de sus fronteras.

Nuestra historia

No hay duda de que toda iglesia cristiana, como su nombre lo dice, tiene sus raíces en la muerte, resurrección y ascensión de nuestro Señor Jesucristo, en el siglo primero de nuestra era. Sin embargo, a lo largo de la historia han sido muchos los grupos cristianos, y han existido en muchos lugares y tiempos. La Iglesia de Cristo proviene de uno de ellos.

Podemos categorizar nuestro origen en tres ámbitos:

  • La historia de nuestra iglesia local
  • La historia de las Iglesias de Cristo en Chile
  • La historia del Movimiento de Restauración

A continuación, cada una de ellas, desde la más reciente a la más antigua.

Historia de nuestra iglesia local

  • La iglesia en el sector Chorrillos, deçada de 1980.

La Iglesia de Cristo El Encuentro nació el año 1977. Su primera ubicación se localizó a orilla de la carretera Panamericana, la Ruta 5 Sur, en el kilómetro 390, a mil ochocientos metros de la sucursal Chillán de la Industria Azucarera Nacional (IANSA).

Allí, un grupo de creyentes abrió una pequeña capilla. Quienes abrieron la obra venían de San Carlos (Región de Ñuble), ciudad ubicada 11 kilómetros al norte del sector -en ese entonces, denominado Chorrillos-.

Se trataba de varios hermanos y dos pastores: Víctor Sepúlveda Fernandois y Alfonso Unda Unda. Este último junto a su esposa, la hermana Eliana Llanos, se harían cargo del punto de reunión. Así, se abría una iglesia cristiana más en un sector que, al pasar de los años, crecería en torno a la carretera, el agro y la industria azucarera (IANSA llevaba ya ocho años en la zona).

¿Cómo se llamaría el local de reunión? El tiempo se encargó de ello. Por aquel entonces, las Iglesias de Cristo en la región organizaban estudios bíblicos para profundizar el conocimiento de los creyentes. El manual se llamaba Estudio Bíblico «El Encuentro», y era publicitado con un gigantesco letrero afuera de la capilla.

Dicho y hecho. Gracias al letrero, la hermandad comenzó a denominar al punto de reunión como «la iglesia de El Encuentro», ya que la señalética estaba a sólo metros de la Ruta 5 Sur y era vista por todos los conductores que atravesaban esta parte del país. Es así como nuestra iglesia local adoptó el nombre que la acompaña hasta hoy.

Pasaban las décadas y más familias se sumaban a la congregación. A los ya establecidos estudios bíblicos se les sumaban vigilias y bautismos, además de los servicios semanales y dominicales de reunión. Destacan, por aquellos años, los hermanos Juan Flores, José Palma, José «Tito» Candia y más tarde Juan Suazo; todos ellos, con sus esposas y, en esos años, sus pequeños hijos.

El templo físico era de material ligero y al entrar la década de 1990, cambió de ubicación. Dejó su emplazamiento al borde de la Panamericana para moverse casi mil metros al interior, hacia el oriente. La iglesia se trasladó a su ubicación actual: el camino La Primavera.

El año 1997 inició la construcción de una nueva capilla, templo que nos acompaña -con mejoras- hasta nuestros días. El pastor Alfonso Unda y la hermana Eliana Llanos lideraron la obra hasta febrero de 2013, mes en el que el pastor José Meza Parra y su esposa, la hermana Elizabeth Falcón, tomaron la posta de estos siervos de Dios. Este último matrimonio sirve hasta nuestros días en El Encuentro.

Breve historia de las Iglesias de Cristo en Chile

El grupo que abrió la primera obra en Chorrillos venía de San Carlos. En dicha ciudad, emplazada a 25 kilómetros al norte de Chillán, otro grupo cristiano llevaba ya, desde 1975, congregándose de manera independiente.

Guiados por varios hermanos, Juan Sepúlveda, Alfonso Unda, y Naamán, Sergio y Víctor Sepúlveda Fernandois -los úlotimos cuatro, más tarde pastores-. esta agrupación de creyentes, algunos nuevos y otros provenientes del movimiento Pentecostal chileno, se propuso estudiar sistemáticamente la Biblia y, sobre su base, guiar el trabajo de la naciente iglesia.

¿Cómo se llamaría? Siguiendo esa directriz y considerando que a los grupos cristianos se le denominan, precisamente, «cristianos» (Hechos 11:26) e «Iglesias de Cristo» (Romanos 16:16), este último nombre fue el determinado para la congregación. Se llamó, entonces, Misión Iglesia de Cristo.

La obra empezó a crecer; al año siguiente realizaron el primer servicio de Bautismos. Este sacramento sumado a la Cena del Señor y el constante estudio de la Biblia se convirtieron pronto en el sello característico de la iglesia.

Pero lo que pasaba en San Carlos no era un hecho aislado. Años después, una delegación de San Carlos visitaría Santiago y se daría cuenta que las Iglesias de Cristo eran parte de un plan mayor que el Espíritu Santo estaba ejecutando en Chile, de norte a sur. No sólo se llamaban igual, sino que seguían el mismo principio: la Biblia como guía de toda la iglesia.

En 1977, mismo año en que se funda la Iglesia El Encuentro, los pastores Naamán y Víctor Sepúlveda realizaron un viaje a la Región Metropolitana. Consultando la guía de teléfonos, buscaron alguna «Iglesia de Cristo» en Santiago.

Tras un traspié que les llevó a visitar fallidamente una iglesia no instrumental, dieron con dos misioneros: los hermanos Jeff Myers y Ed Holt. Ambos provenían de un Colegio Bíblico de Missouri, Estados Unidos. Habían llegado a fortalecer la obra que, en 1949, inició otro estadounidense: Bertrand Smith.

El hermano Smith arribó a Valparaíso y, junto con él, nacieron varias Iglesias de Cristo en Chile en esa ciudad, Limache, Quilpué y Santiago. En la década de 1960 la labor misionera se había extendido ya al sur y al norte: Osorno, Calama y Vallenar.

Esta última ciudad vivió una situación similar a San Carlos: se habían organizado de manera aislada y se llamaban así mismos «Iglesia Cristiana». Algo parecido ocurrió en la Región de Los Lagos, zona en la que varias de sus islas contaban con una agrupación cristiana que sólo se llamaba «La Iglesia», abiertas por un agricultor de ascendencia alemana.

Tras la conversación con Myers y Holt, los líderes de San Carlos se unieron a la larga lista de Iglesias de Cristo en Chile. Ya a inicios de los 2000 la cifra ascendía a una treintena de congregaciones en el territorio chileno que, hasta hoy, reciben esporádicamente visitas estadounidenses.

Pero la llegada de los misioneros no hubiera sido posible sin un evento mayor ocurrido en el país del norte hacía más de cien años atrás: el surgimiento del Movimiento de Restauración.

El Movimiento de Restauración

«Donde hablan las Escrituras hablamos nosotros; y donde callan las Escrituras, callamos nosotros». La frase pertenece al irlandés Thomas Campbell, pionero de lo que más tarde sería el Movimiento de Restauración. Él, su hijo Alexander y el estadounidense Barton Stone, coincidieron en la búsqueda por un cristianismo simple, basado en la Biblia y sin estructuras humanas.

El movimiento nació a finales del siglo XVIII e inicios del XIX, en lo que los historiadores denominan el Segundo Gran Avivamiento de los Estados Unidos. Dicho periodo de la historia estuvo marcado por decenas de nuevas iglesias y, tristemente, el surgimiento de varias sectas.

En medio de lo que fue casi una «revolución religiosa», los hermanos Campbell y el evangelista Barton, cada uno por su lado, cuestionaron las jerarquías de las iglesias y cualquier cosa que no fuera enseñado por la Biblia. Las Escrituras -y sólo las Escrituras- debían ser el libro doctrinal de los cristianos, aseguraban.

En 1835, los tres se agruparon y así nació el Restauracionismo: un movimiento que busca volver a las bases, al origen del culto cristiano utilizando a la Biblia como manual de vida y doctrina de la Iglesia.

Así, por ejemplo, cada iglesia debe tener su propio gobierno y ser autónoma: cada congregación debe elegir un grupo de pastores o ancianos (siempre más de uno) e impartir el Bautismo y la Cena del Señor.

El plan de los hermanos Campbell y Stone no era ser una denominación más (bautistas, metodistas, presbiteranianos, etc.) sino un sólo Cuerpo de Cristo, sin letreros. Sin embargo, nunca se concretó. Eso sí, el Movimiento de Restauración se expandió a través de las décadas y siglos y hoy tiene presencia en todo el mundo.

Del Restauracionismo nacieron los Discípulos de Cristo y más tarde las Iglesias de Cristo: estas últimas se dividen en instrumentales y no instrumentales (las que tocan y no tocan instrumentos), pero la diferencia sólo es en forma y no son doctrinales. De estos últimos grupos provinieron las campañas misioneras que arribaron a Chile más de un siglo después.

La historia es larga y sinuosa; han sido cientos o miles los predicadores, pastores o hermanos que Dios ha utilizado tanto en el norte como en el sur del mundo. Este extenso texto de veintitantos párrafos se hace pequeño para relatar todo lo transcurrido.

Aún así, sólo somos un grupo, un grupo entre los tantos que han existido en distintos tiempos y lugares desde la ascensión de nuestro Señor Jesucristo.

«Somos cristianos, nada más que cristianos, pero no los únicos cristianos».